El próximo sábado tendrá lugar en la vecina localidad
de El Puente del Arzobispo, una de las fiestas más curiosa y llamativa en la
que he tenido la ocasión de participar.
Las fiestas en honor a Santa Catalina
de Alejandría – mártir cristiana del siglo IV, muerta en la hoguera y titular
de la parroquia – tiene fechada su celebración el día 25 de noviembre, pero es en
la víspera, cuando se realiza la celebración digna de presenciar. Celebraciones
y tradiciones religiosas a parte, la tarde del 24, a las siete en punto, cerca
de cien hogueras, si no más, se pondrán a arder al unísono después de un sonoro
repique de campanas. Las hogueras, conocidas entre los puenteños y sus visitantes
como “chozos” son una verdadera obra de ingeniería popular (si se me permite la
expresión). Semanas de trabajo en busca de leña y no pocas horas en el montaje
del Chozo, culminan en una estructura que como mínimo suele alcanzar los dos
metros y medio, pudiendo llegar, según los medios de los que se disponga, cerca
de los cuatro metros. Si tanto el proceso de creación del Chozo como su
resultado final son espectaculares, aun lo es más el momento de la quema. Ver como
un centenar de hogueras que producen llamaradas que en muchos casos pueden
llegar a un segundo piso de altura empiezan a arder a la vez, hace que se te
pongan los pelos de punta. El pueblo entero parece estar en llamas, y de hecho
lo está, aunque de manera muy controlada. Darse un paseo minutos después del
encendido es realmente digno de ver. Lo que viene después es aun mejor. La
espectacularidad de las llamas deja paso a unas brasas que transforman las
viandas en forma de chuletas, chorizos y pancetas, aportadas por los creadores
del chozo, en manjares a la parrilla para ellos y sus invitados. Cada chozo
pertenece a un grupo o peña pero la amabilidad de sus gentes hace que a ningún
forastero se le pueda negar un choricillo llegado el momento. Desde aquí les
animo a visitar esta curiosa festividad que debería estar entre aquellas que
llaman de interés turístico nacional.
Maestro, logopeda, autor de @m_goleadora, columnistas de @lavozdetalavera, redactor en @globedia y emprendedor franquiciado de @lugardelvinocom
20 de noviembre de 2012
13 de noviembre de 2012
Derbi talaverano
Este domingo se ha jugado el primer derbi en Talavera
en categoría nacional. CF Talavera de la Reina y UD Talavera han tenido el
honor de ser los equipos que disputen tan noble partido. Hasta llegar al día de hoy muchas han sido las disputas y
desencuentros entre aficionados y directivos de ambos clubes pero, al parecer,
todo eso ha quedado atrás y reina la cordialidad, aunque sea solo en
apariencia. Desde que el mal llamado Nuevo Talavera – pues en todo caso debería
llamarse nuevo San Prudencio – igualó en categoría a la Unión, las disputas han
desaparecido. Incluso el compartir el Municipal del Prado que parecía algo casi
imposible, se está llevando de buena manera. Solo parece encontrarse algunas
discrepancias entre aficionados que no parecen darse cuenta de que ambos
clubes, además de tener estructuras diferentes, tienen objetivos bien
distintos. Mientras que el renombrado San Prudencio quiere alcanzar lo antes
posible el lugar que dejó el desaparecido “Tala”, la Unión tiene como misión la
formación de futbolista y sentar las bases para tener un primer equipo pleno de
jugadores locales sin que la economía se resienta. Por ello, en mi opinión, son
absurdos los piques y recelos de unos hacia otros. Debería ser totalmente
compatible ser aficionado de ambos clubes: uno por defender la competitividad y
llevar a Talavera a lo más alto posible en el fútbol nacional y el otro por
formar jugadores a través de una de las escuelas más importante de Castilla–La
Mancha. Lo único que queda es que, como en tiempos pasados, los dirigentes no
se vuelvan locos ni se emborrachen de poder al verse codeados con las elites y
marquen objetivos que sean realistas, pero sobre todo, sostenibles en el
tiempo. Por mucho que adopten equipaciones y escudos, que cambien nombres y que
mantengan números de socio, Talavera CF solo hubo uno y entre todos lo mataron
y él solito se murió.
6 de noviembre de 2012
Compra en Talavera
¿Cuántas
veces hemos dicho u oído a alguien decir que tiene que ir a Madrid a comprar?
¿Por qué a Madrid? ¿Es que aquí no hay comercios? ¿Es que por comprarlos en
Madrid los productos son mejores? ¿Es que la oferta en Madrid es mucho más
amplia que en Talavera? ¿Qué se puede comprar en Madrid que no se pueda comprar en Talavera que no
sea algo extravagante? Ya se lo digo yo: nada. Talavera siempre ha sido famosa
por sus comercios y por la atención que en ellos se profesa. Ropa, artesanía,
hogar, electrónica, bisutería… nada se
le escapa a este gran centro comercial que es Talavera. San Francisco,
Trinidad, San Isidro, Mesones, Pío XII, Joaquina Santander y un largo etcétera
de calles son buena muestra de la riqueza comercial de la ciudad de la
cerámica. Si comparamos precio la diferencia en realidad no es tan grande. Si
tienes que ir a Madrid, al precio de la compra hay que añadir la gasolina (que
está por las nubes), pagar parking y comer, solo ese mínimo hace que lo poco
que nos pudiéramos ahorrar en el o los artículos a comprar quede en nada. Si a
estos añadimos que normalmente compramos en grandes compañías que suelen
descuidar la calidad en beneficio del precio, resulta que, probablemente, el
artículo comprado se estropee antes de lo esperado y nos toque volver a por
otro antes de lo deseado. Además, esas grandes empresas ofertan empleo precario
y mal pagado y sus impuestos suelen pagarlos en otros países, si es que los
pagan. Por todo ello quiero aprovechar las líneas que me ofrece este noble
semanario para proponer algo para esta Navidad (no es mío, lo vi en Facebook):
compremos los regalos a pequeñas empresas y autónomos. A la vecina que vende
por catálogo o por internet, al artesano que hace bisutería, la pastelería que
hace turrones artesanos, al del puesto del mercado. Hagamos que el dinero
llegue a la gente de a pie y no a las grandes multinacionales. Así, más
personas tendrán una Navidad mejor.
30 de octubre de 2012
Morirse sale caro
Por si no tuviéramos bastante con las subidas sucesivas de
la luz, el agua, el IVA, el IBI, la tasa de recogida de basuras, etc. ahora nos
suben también el servicio de inhumación y exhumación. Cinco años dicen desde
nuestro querido ayuntamiento que no suben las tarifas funerarias y ahora, que
los tiempos ni mejoran ni tienen viso de mejorar, subida al canto por
considerarlo un servicio deficitario. Desde que el gobierno de España comenzó
la moda de que los servicios deben ser rentables, todo han sido subidas y más
subidas. Ya ni el morir respetan. Cuando alegan a lo deficitario del servicio
hablan de cosas obvias, por eso es un servicio. Si diera beneficios no sería un
servicio sino una empresa con ánimo de lucro que es hacia donde, parece, nos
quieren orientar nuestros respetados dirigentes. Ya casi todo cuesta dinero y,
lo que aun no se paga, según parece, terminará siendo de pago. Centrándonos en
el objeto de esta modesta columna, justifican la subida aludiendo a lo barato
del morir con respecto a otras ciudades de características similares a
Talavera. Para hacernos pagar más siempre valen las comparaciones, pasa lo
mismo que con Europa. Para bajar precios nadie compara. No los bajan. Morirse,
si sumamos traslados, velatorios, tratamientos pre-inhumación, ropas, ataúd,
ceremonias religiosas (si las hubiese), inhumación propiamente dicha o
cremación, sale por un pico y si a esto le añadimos el alquiler de la tumba o
el nicho, cuesta más morirse que estar vivo. Ahora que el precio de la vivienda
baja, que los alquileres empiezan a ser rentables frente a la compra de
inmuebles, resulta que el sitio donde deben reposar nuestros restos también se
alquila y, además, que se pone a unos precios que, en mi opinión, hacen
plantearte lo de compartir “piso” más que nada porque hay que tener en cuenta
que va a ser para mucho tiempo. “Yo no alquilo nicho. A mí que me quemen – dijo mi padre. – No
fastidies padre – le contesté yo– ¿No has visto el precio del gas?”. Pues eso,
que suma y sigue. El pobre ni morirse va a poder.
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